Los libreros y yo

ANA BUSTELO TORTELLA

Cada cierto tiempo aparecen en la prensa cultural artículos sobre el papel del librero en la sociedad, sobre lo importantes que son en la cadena productiva del libro y no cabe duda de que es verdad. Es el último eslabón y es fundamental. Además, su esfuerzo por mantenerse en la era del comercio por Internet es más que encomiable. Personalmente, les admiro mucho, como a todos los que nos dedicamos a esto de los libros. (Sí, también me admiro a mí misma, ¿por qué negarlo?).

Sin embargo, quería decir (y me arriesgo a que me insulte más de uno) que me sorprende un poco la figura del librero que, con una sonrisa de oreja a oreja, siempre amable y dispuesto a ayudar, recomienda libros porque conoce perfectamente el gusto del cliente. Yo no logro recordar, por más que lo intento, alguna vez que un librero me haya recomendado un libro…

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NO RECUERDO

No recuerdo mi nacimiento

inimaginable vuelo entre cenizas

de pájaros plateados, fríos

 

en el valle de un bosque perdido

batían alas los montes metálicos

entre nieblas detonaban bombas

regalo en celofán de la enquistada guerra

 

no recuerdo la leche materna

magra por necesidad

ni el alambre espino de una frontera

tampoco el calmante para no llorar

 

pasos de duras botas

uniformes tenebrosos

apenas mermelada artificial

con ingredientes desconocidos

 

no recuerdo sus conversaciones

cuchicheos bajo la manta agujerada

el sol dejó de brillar

hasta la mayoría de edad

cuando Marilyn cantó para su presidente

y yo repartía periódicos.

Eso sí lo recuerdo… mirando atrás

VIBRACIONES

¿No es esta la misma milenaria balada? (Omar Khayyam)

 

Alguien no duerme,

no adivino su razón

pero escucho sus notas,

un leve rasgueo de un instrumento

melodía conocida

mi oído se agranda, quiere captar

se conecta inmaduro

adivina los soles, los fas

y sí, ya el cerebro hace levantar

la memoria, recuerda

aquel concierto de Aranjuez

desvanece la ceguera y el dolor.

 

Vibraciones atraviesan

paredes mudas

tienen alas, transportan

lugares aparecen en sueños

benditos dedos que arrullan

y alejan angustias nocturnas.

 

 

LUZ TAMIZADA

 

Percibo el índice divino

de todas las cosas

en mi carne sangrienta

cortada a jirones por el azote del viento.

 

Me pregunto por qué

la sencillez torturada de la selva

tiene cara de analfabeta.

 

Perecer… morir… ni el pensamiento

enraizará en el alma del mundo

cuando queda tanta soberbia

bajo la espesura de unas cejas arqueadas.

 

Luz tamizada de comprensión a medias

el difluir y devenir de humanidades,

un  flamear amores al viento,

y el sol reverberando en lagos profundos.

 

Traquetea el alma en pena

el sonoro aleteo de una paloma negra

es oído en el continente africano

mas el mundo acalla telarañosas consciencias.

¿Eres lo suficientemente buena para traducir SIN diccionario?

Ana sabe de lo que habla…

ANA BUSTELO TORTELLA

El otro día, hablaba con una persona sobre lo difícil que es el trabajo del traductor y lo poco reconocido que está, cuando entrecerró los ojos y, escudriñándome, preguntó: «¿Y tú, utilizas el diccionario para traducir?». No es la primera vez que me plantean esta cuestión y, siempre, implícitamente están diciendo: «¿Eres lo suficientemente buena para traducir SIN diccionario?».

Es posible que yo sea un bicho raro porque los diccionarios me gustan desde muy pequeña. Yo, más bien escudriñaría a un escritor (al que no creo que hagan esta pregunta) o a un traductor que NO utilice el diccionario. A mí me encantaban los deberes que tuvieran que ver con buscar palabras, copiar la definición (parecerá antiguo, pero se aprendía mucho) y hacer frases con las palabras aprendidas. A los 9 años mi abuelo me regaló la edición que entonces se consideraba de bolsillo (era un tocho) del diccionario de…

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EL TALÓN DE AQUILES

 

Cuando el caparrazón

cubre tu talón de Aquíles

y muerdes el pañuelo de dolor

cuando tu pelo ha crecido sin barbero

y tus facciones se derrumban

cuando tus libros acumulados no ven tus ojos

y todos tus trajes sobran

cuando tanto esfuerzo evapora

y ninguna nube lo acoge

cuando todos los momentos son un quejido

veo la dureza de la vida sin lametones

 

Te irás sin alimento

habrá cenizas en el mar

el olvido se hunde en las olas,

solo fuiste un borrador del destino

y yo unas lentes lechosas

con ansias de ver lo invisible

AHORA USO SOMBRERO

No tardamos en vernos con ojos internos

tú fuiste una Proust femenina

y yo un Monroe masculino

enlazamos nuestras manos para bailar

sonreímos y las letras volaron desde nuestras bocas

como colibrís en blanco y negro.

 

Ojos sin futuro, el color escondido

párpados tapando el placer experimentado

nos miramos, nos recitamos, nos mentimos

la multiplicación de la especie era un deber

del que huimos como la liebre de su depredador

aunque el final era previsible

sabíamos de las sábanas arrugadas

de aquel hostal cutre del Middle-West

que ya pisara un loco pintor español.

 

Atenas quedaba lejos

también los años sesenta

ahora uso sombrero

y tú crema antiarrugas

dejamos de mirarnos,

de comprendernos,

hasta tienes nietos y yo libros

escritos a mano con tinta negra,

introduje dos cruces para ver

lo que fue y lo que es.

CAMINOS

Corté el camino a mi medida

hilvané las amapolas sin color

su sangre me hizo sudar

ya pocos se fijan en los bordes

sembrados con plásticos

cosechan lágrimas de cristal

en las mañanas cansadas

 

aromas sin gas despiertan sentidos

históricos hechos pasean entre margaritas

ya nadie admira a ambos

ni evitan discursos falsos

el cielo se desplazó

ahora la luna es invisiblemente cuadrada

ha olvidado sonreír

 

pero los guijarros siguen poblando

los ríos sin truchas

plantas foráneas pueblan márgenes

para apresar lo que queda

preparan un festín dorado

en el cráter del monte sagrado

y engullen a los últimos héroes.

PLATEAR

 

 

Platea la mañana

el manto gris no alberga golondrinas

ninguna alfombra multicolor

mientras languideces sobre el sofá

de cuando en cuando acaricias

tus heridas intocables

años tapando venas

humo en aros adornando bocas

sonrisas de satisfacción y orgullo

convertidos en muecas de dolor

yaces mudo allí, ojos cansados

vivir es fatigoso

te preguntas porqué te engendraron

y la última interrogante tarda en venir.

Los hijos del sol …

Non Perfect. El blog imperfecto.

…o los niños de la playa….

Hubo una generación -la mía – que vivió un sol más amable. Los hijos del sol mediterráneo, eramos niños que estábamos todo el día en la playa (convenientemente embadurnados con Nivea y, creo, que sin demasiado factor de protección… o ninguno) y que después, con el crecimiento y la adolescencia, seguimos frecuentando la playa : para ponerse moreno, como lugar de reunión matinal, como “secret place” para romances veraniegos… Pero lo del moreno era esencial.

El “embadurne” entonces se hacía con  cremas bronceadoras  sin factor de protección,  que -teoricamente-te ponía moreno más rápido. Había una crema de un color marrón que te teñía la piel de un color…marrón al instante. También había ondas de cremas de zanahoria ( de laboratorios varios) con la que asegurabas el tono del verano. En aquella época, si me visualizo a mí misma con una crema de protección 50…

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