LA CASA DE NAIPES

Aposté,
aposté por el hombre equivocado
en mi cándida inocencia.
Me dejé embaucar
por una sonrisa simpática,
por una cara guapa
por unas bromas
que me hacían reír.

Con los años crecieron las sombras
de su genio, del mío, tal vez,
se acumularon promesas incumplidas
crecieron oposiciones mentales
y ante todo siempre el dinero retenido,
no sé bien para qué
porque engorda lo estático
y vida sin movimiento no es vida.

Aposté con cándida inocencia
ganando amargo conocimiento
hasta saltar a la desconocida libertad.
Nunca importó lo que perdí en mi caminar
lo sé ahora,
cuando el aprendizaje es tesoro
que ningún ladrón puede robar.

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