ACEITE DE OLIVA

El camino ascendía
quiso llegar al recuerdo
tras arrastrar sus años
sin nada en la mano.

Ahí estaba: el viejo olivo
que la había visto crecer
que sabía de su hambre
de sus cansancios del trayecto
entre sol y sol
esa plataforma dorada inalcanzable.

Estaba en flor
como ella hacía mucho ya
se dejaba peinar por los vientos,
ella entonces por los dedos de su galán
erupciones de diferentes sentires
pero la misma energía.

Mientras se sucedieron cosechas, partos,
guerras, sed de una vida mejor
no sabían de otros lares, ni el olivo ni ella
y cada cual dio lo que pudo.

El viejo tronco la consolaba,
seguía dando su oro líquido,
ella su saber de la soledad añeja
sin adivinar cuántas lágrimas habían llenado
los cuencos del mundo, los mares
de otras penas inacabables.

Apoyada contra el inamovible tronco
cerró los ojos
quería soñar ser aceite de oliva
para reparar los dolores esclavizados
de tantos seres inimaginables
que poblaron y viven
esparcidos por los rincones del planeta.

Siria, Gaza, Iraq, los cristianos entre islamistas,
el Ébola, África, inditos y todos aquellos de los que
apenas sabía nada…

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