DEDALES

Todo su mundo cabía en un dedal

siempre se lo puso cuando curaba heridas abiertas huesos goma

y archivaba los dolores de colchones destrozados

de tanto parir tras cada violación sacrificio.

Solo era una niña la primera vez, y la segunda

ya no sabía si fue el padre, el tío o el inquilino:

la cabeza como una esponja de profundidades coralinas brillantes

hasta encontrar un dedal, el de su madre eternidades no vistas

y depositó todos sus vestidos, blusas rayadas y manchadas

sangre inútil

para seguir cosiendo enseñanzas absurdas.

Gran baúl esperanza verde celeste reflejos de mar

cuando nada queda, niños descalzos buscando escarabajos para comer

vuelven los ángeles exterminadores con alas inmensas

para que no se vea el gris del futuro que no importa

mientras haya arroz en doradas sarténes y dedales para llenar el desamparo.

ALGUNA VEZ

¿Alguna vez has sentido la paz duradera?

No recuerdo haber tenido paz trescientos sesenta y cinco días seguidos,

siquiera siete

aunque eso en la vida personal no importa.

¿Pero a nivel mundial?

Existirá un rincón tranquilo, creo,

preguntando se va a Roma

y busqué…

Encontré miles de pobres, indigentes,

desesperados, antes de llegar a los Pirineos.

Rodean los contenedores de basura

son despreciados por aquellos que todavía comen del sueldo

ya ni se acercan a los ambulatorios;

y sin quevedos miro que estamos igual que hace algunos milenios.

¿De qué se llora cuando todo sigue igual de mal?

Hay quien nada en la abundancia,

y no es que sea más listo, ni más inteligente…

¿Está bajo las alas de la diosa Fortuna?

¿Participa en el torneo de la corrupción?

¡Qué más da!

Cruzaremos el umbral de la muerte y nada habrá cambiado.

Solo hay paz en el camposanto,

ricos y pobres, orgullosos y humildes

se dan las buenas noches, la paz eterna en el polvo de la tierra,

no obstante alguna vez creí, sí, alguna vez…

UN MUNDO NUEVO

Frecuento ilusiones entre crisantemos otoño

de nuevo escombros sobre cuerpos pequeños junto a ositos peluche

mascotas que arrimaron el hombro sin agradecimientos

herrumbrosas picaduras de codicias infladas hecho aplausos

entre cimeros vagabundos diputados con tarjeta cancerígena

y trajes planchados con miserias de festeros taurinos

manchados de sangre y alquitrán salidos del alma.

 

Mujeres vestidas de fantasmas en cada esquina esperan su quinto hijo

haciendo cola en los arrozales de sus derechos civilizados

mientras sus hombres afilan cuchillos enseñando el alfabeto

a los ingenuos mandamases, polvo esparcido convertido en oro negro

camuflado entre palabras evolucionistas y patriotismo inflamado basura,

olvidan que no hay mal que cien años dure, dure, dure.

 

Espejos manchados de ajustes espartanos inservibles

se diluyen en sonidos guitarra flamenca japonesa átomos

esferas móviles intercambian tripas por culos

y el cuchillo islamista se vuelve bisturí seccionando nueva vida

genes de silicona, remedio casero para labios que han perdido el habla

para mentes que convierten gasolina en alimento bárbaro

y sobre escombros volverá a crecer la hierba del olvido.

PRIMAVERA ROBADA

Quisieras romper con tus pequeñas manos

los barrotes férreos de la sociedad

para poder abrazar de nuevo

y ver entre la nieve la flor del almendro.

 

Esta cárcel rigurosa

impuesta sin piedad

lleva a la muerte tus emociones,

proyecta sombras tenebrosas

sobre tu alma partida de cuajo

por unas leyes injustas.

 

No fuiste tú quien pidió ese trabajo fatigoso

el destino te arrastró,

golpeó tu inocencia:

presa eres entre chusma

y buscas cada mañana un trozo de cielo

o el rocío sobre el ventanuco.

 

¿Quién exigió el trabajo infantil forzado?

No escuchan tu llanto

la lluvia no cesa

y el frío se agarra sin piedad

a las paredes de de esta fábrica celda:

nunca quisiste ser pájaro enjaulado por unos granos de arroz.