DEDALES

Todo su mundo cabía en un dedal

siempre se lo puso cuando curaba heridas abiertas huesos goma

y archivaba los dolores de colchones destrozados

de tanto parir tras cada violación sacrificio.

Solo era una niña la primera vez, y la segunda

ya no sabía si fue el padre, el tío o el inquilino:

la cabeza como una esponja de profundidades coralinas brillantes

hasta encontrar un dedal, el de su madre eternidades no vistas

y depositó todos sus vestidos, blusas rayadas y manchadas

sangre inútil

para seguir cosiendo enseñanzas absurdas.

Gran baúl esperanza verde celeste reflejos de mar

cuando nada queda, niños descalzos buscando escarabajos para comer

vuelven los ángeles exterminadores con alas inmensas

para que no se vea el gris del futuro que no importa

mientras haya arroz en doradas sarténes y dedales para llenar el desamparo.

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