EL PARQUE

Fue allí donde manaba el elixir de la vida

entre rocas buscaba su camino

hacia la libertad que nada promete.

A lo largo del sinuoso camino

vagaban aquellos pies delicados

enfocando puntos cardinales,

buscaban entre tilos el amado.

Ya visualizó el tejado

bajo el que muchas plumas se desgastaban

y miles de razones se descubrían,

poeta era, naturalista, científico

y de besos y abrazos también sabía:

ella lo quiso para sí sola.

Oh, amado Johann Wolfgang,

tus ojos posan sobre el milagro de la vida,

también en damas colmadas de intelecto

y ella enfermó del corazón,

joya única para él después de todo

confidente y amada a pesar suyo.

En su parque quedó constancia

tantos rincones con los muchos besos,

miradas y caricias tras cada ausencia viajera.

Corta es la vida para investigar y saber

ya lo susurró el ginkgo biloba

con el vaivén del viento:

solo los escogidos de dioses y musas

viven a través del eco infinito de los escritos

en aquel Olimpo que no buscabas.

En el parque tu jardín, tu pabellón, tu amada

esos momentos de descanso

sin reunir a los intelectuales

que jugaban con citas escritas.

En tu parque se mecían los tilos

manaban las aguas de la sabiduría

desde fuentes entre rocas

y se emocionaron los ojos de Christiane.

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