CUARTILLAS

La cuartilla plegada ocupaba el mínimo espacio posible. Se la metió en el bolsillo trasero de sus vaqueros y se marchó hacia la calle Velázquez para girar por María Moliner donde se encontraba la librería a la que solían ir los estudiantes de las facultades cercanas. Le temblaban las rodillas, después de meses sin comunicación había recibido la ansiada llamada. No sabía si había sido grabada por uno de tantos artilugios montados por su marido para controlarla. Pero volver a ver a su amante era más importante que su propia vida. En la cuartilla había dejado escrita la dirección de una amiga que iba a ser el enlace para intercambiar notas y avisos.

 

Entre novedades y publicaciones temáticas buscaba el rincón de las ofertas, libros a precio de saldo, restos de ediciones pasadas. Allí estaba él. Su corazón parecía salírsele  y él la percibió. No se giró hasta que ella cogió al azar un ejemplar metiendo su cuartilla entre las páginas y lo acercó hasta él. No pudo resistir la tentación de volverse hacia ella con una mirada de súplica y desespero. Le entregó con disimulo otra nota. Salieron por separado anhelando leerse.

 

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