EL CARTEL

Solo le gustaba la publicidad visual. Era analfabeto, pero no tonto. Por eso el trasero de esa chica rubia despertaba su apetito sexual. Cada sábado miraba el anciano si todavía colgaba el cartel con esa atractiva imagen. Después de ver cumplida su expectativa volvía contento a casa donde le esperaba María, su mujer.

 

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