LA SEÑORITA MALLEY

Dicen que la señorita Malley, entrada en años, murió de pena porque su novio nunca volvió de la guerra del Vietnam. Eso no es verdad, contestó otra vecina. Murió porque su corazón no aguantó los muchos kilos de más. Se pasaba la vida comiendo lo que le traían cada día del supermercado. Ella nunca salía. Y nadie del barrio recuerda ningún novio soldado. Así que lo que dicen es pura invención de gente desocupada.

Discutieron sobre eso y aquello mientras abandonaban caminando el cementerio y nadie se percató de que ningún otro habitante jamás se ocupó de la señorita Malley. Sabían que vivía sola en la calle Lonelyness número 13 de Blackhills. No tenía siquiera mascotas, pero el repartidor de periódicos pasaba cada mañana a dejarle un ejemplar en el buzón. Cuando llegó la ambulancia ya era demasiado tarde. Se rumoreaba que todavía fue ella la que llamó a la policía para pedir auxilio.

Unas semanas después la casa fue ocupada por unos parientes lejanos que se dejaban ver a menudo, saludando con simpatía a la comunidad. El secreto de la vida de la señorita Malley y su fallecimiento quedó enterrado bajo una preciosa lápida de mármol.

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