DOBLE VIDA

Me llamo Alfredo Martínez, estoy domiciliado en Madrid, trabajo en Valencia y se me acusa de llevar una doble vida. Que yo sepa, solo tengo una vida, un cuerpo con su alma, algunas cosas dobles como dos manos, dos fosas nasales, un par de… y de eso quería hablar. Porque para una vida tan complicada como la mía hay que tenerlos. Aunque en Valencia sigo llamándome Alfredo Martínez, no soy Vicente. Ni en Madrid soy Paco. Jamás he cambiado mi nombre, pues soy Alfredo. Aquí y allá. A causa de mi mucho viajar, y para más comodidad, ocupo piso en ambas ciudades. Con todo el mobiliario necesario. Con mi vida en orden en ambos sitios. Y luego, soy persona ardiente, apasionado tanto en la vida como en el trabajo. Pero necesito mi equilibrio. A todos los niveles. Tengo mis manías, lo confieso.

 

Me casé precipitadamente en Madrid. Paloma quedó embarazada tras una noche de sublime sexo y nació Belén. Tres años después llegó Pablito. Paloma es una mujer estupenda, fácil de llevar, limpia, sana, con buen humor y hace que me sienta bien a su lado. No entiende de negocios como mi trabajo, ni falta que le hace. Es feliz con los chicos y sus electrodomésticos. Apenas le gustan las joyas, aunque no puede evitar vestir siempre a la última.

 

El problema comenzó en Valencia. Paloma no iba a venir conmigo y dejar a los niños con los abuelos. Ella es muy suya. Y de esas mujeres que piensan que lo que puede hacer una mujer, también lo puede hacer el hombre. Eligió conmigo el piso y lo amuebló. Me lo llenó con decenas de aparatos eléctricos, que según ella, me iban a facilitar la vida. Pero me hacía falta ella, o algo similar. Y no tardó en aparecer el algo similar. Se llama Amparo y vive justo al ladito mío. Al principio se ofreció a ayudarme si me hiciera falta, y claro, hizo falta. Eso sí, no le gustan los niños, es maestra y dice que ya tiene bastantes en clase. Pero conoce todos los pormenores de Belén y de Pablito. Y de Paloma. Creo que le cae bien, aunque no la conozca en persona. A veces me indica cómo hay que disciplinar a los chicos con los estudios y yo lo transmito a Paloma, que está contenta de que tenga una buena vecina a mi lado.

 

El otro día me llamó Paloma para informarme de una inundación en la vivienda mientras ella había estado ausente y que gracias al nuevo vecino de enfrente pudo solucionar el problema; pues aquel joven es un manitas y reparó el tubo de la entrada de agua colocado en el techo de la cocina. Pero que tendríamos algunos gastos extra porque el seguro no cubría los muebles estropeados. La calmé y le dije que organizara todos los arreglos. Que yo tardaría dos días en llegar, pues pensaba ir con Amparo al teatro, su gran afición. Luego me lo pensé mejor y le regalé mi entrada para que la diese a una amiga. Y, a veces las cosas ruedan de una manera rara, mi empresa necesitaba una firma de los abogados de Madrid. Así que me presenté en casa antes de lo imaginado.

 

Cual mi sorpresa que todo estaba patas para arriba. Nadie en casa. Llamé a mis suegros que dijeron que los niños estaban con ellos, que Paloma estaba organizando el piso. Vaya, bueno, se me ocurrió tocar el timbre del vecino de enfrente, por si sabía el paradero de Paloma. Como iba yo tan trajeado y él no me conocía, llamó a Paloma diciendo que ya estaba el del seguro aquí. Paloma se asomó, estaba a medio vestir, despeinada y cuando me vio le dijo al vecino: míralo, este es el de la doble vida… Y como ella tiene la convicción de lo que puede hacer el hombre también lo puede hacer la mujer y viceversa, me exige arreglar los papeles o dejar las cosas como están, que nuestro futuro estaba en mis manos.

Laberinto

Si el laberinto fuese un camino hacia la claridad

si la tinta fuese el medio para el fin

si mis pensamientos sirviesen para aplacar la sed

si el horizonte no fuese tan inabarcable

y la ojeada a través de la cerradura

englobara todas las verdades

no sabría si esa mirada significa

el arte de la contemplación

para comprender la abstracción de la vida.

DIVORCIO EXPRÉS

 

 

Lo había leído, se había informado de que ahora se podía tener un divorcio exprés tutto gratis. Y ya no aguantaba más, lo de anoche con su marido fue la gota que colmó el vaso. Con paso firme se dirigió al juzgado de su ciudad. Nunca había entrado en el edificio, era más grande de lo esperado y andaba un poco perdida. Subió unas enormes escaleras de mármol del bueno, ese de carrara. Reluciente y magnífico mármol. Entró en una sala grandísima donde había mucha gente trabajando. No sabía a quién dirigirse. Recorrió los diferentes escritorios con sus indicaciones y al final se paró delante del cartel “INFORMACIÓN”.

─¿Sí? ─preguntó un hombre con voz áspera.

─Quiero ver al juez.

─¿Me da la citación?

─¿Qué citación?

─La que corresponde al juicio.

─Oiga, ¿por quién me tiene? ─respondió ella ofendida.

─Señora, ¿a qué ha venido en conreto?

─Concretando claro y raso, a tener un divorcio exprés tutto gratis.

─¿Me está usted tomando el pelo, señora?

─El que me está tomando el pelo será usted, dígame ya de una puñetera vez, dónde está el juez.

─Está celebrando un juicio, y para poder tomar parte, se necesita citación, ¿comprende ahora, señora?

─El que no comprende es usted, joven, necesito ver al juez y exponer mi caso. Pero ya, no puedo esperar más, es urgente.

Se acercó un alguacil que había observado la escena y le preguntó al auxiliar que presidía la información, si necesitaba ayuda. La mujer se dirigió al recién llegado y le avasalló con la exigencia de presentarle al juez. Ambos hombres intentaron calmarla y explicarle que no se podía venir sin una citación oficial. Además, para divorciarse tenía que buscar en primer lugar a un abogado.

─Ahora ya no hace falta, el estado facilita desde ya el trámite de los divorcios y solo hace falta que haya un juez que dé el visto bueno de la separación y firmar los papeles. Y eso es lo que quiero. No me miren ustedes así, parecen salidos de la Edad Media, ¿no se habían enterado todavía? Venga ya, pónganme en contacto con el juez, o me den las hojas de reclamaciones. Me están poniendo de los nervios, so tozudos…

─Oiga señora, sin ofender, o tendremos que llamar a los de Seguridad.

─Los de seguridad, a mí, por favor, llamen al juez ─rogó con determinación e insistencia, cuando una figura femenina se les acercó.

─¿Quién busca un juez? ─preguntó la joven.

─Yo, pero ellos vienen con monsergas y no adelanto un ápice.

─Soy juez, ¿en qué puedo ayudarle?

─¿Usted es juez? ¿Tan joven? Una mujer juez… pues mire, quiero un  divorcio exprés tutto gratis.

─¿Y eso qué es, señora?

─Parece mentira que siendo juez no lo sepa, es una ley nueva aprobada por el gobierno y publicada en el periódico.

─Pero no en el B.O.E. y no estando en el B.O.E. no estoy obligada a saberlo. Pero vamos a ver, ¿por qué no se informa primero a través de internet? Aquí no le podemos ayudar sin la intervención de un abogado. Y perdone ahora, tengo prisa. Le aconsejo consultar a un abogado o informarse en internet. En el hogar del pensionista le indicarán los pasos a seguir, si no tiene internet en su casa. Que tenga suerte, señora, adiós.

─En este país no cambiarán nunca, el “vuelva usted mañana” no se ha muerto, todo sigue igual─ murmuró, ─al menos antes el juez era un señor de mucho peso, y mira por donde ahora una mocosa se llama juez… y poco menos me manda a freír espárragos. Tendré que buscar al defensor del pueblo. Oiga usted, ─se dirigió al hombre de información, ─Oiga, ¿dónde encontraré al defensor del pueblo?

─A este señor hay que dirigirse por escrito, señora, infórmese a través de internet.

─Internet, internet, ¿para qué está el juzgado, para qué los jueces, para qué las personas? Está más claro que el agua, no me quieren atender, quieren que siga con el animal de mi marido… ¡y un jamón! Iré hasta Roma si hace falta, buscaré al papa, qué se habrán creído todos ustedes… ─vociferó bajando por fin las escaleras de mármol del bueno, reluciente y magnífico.

Divorcio exprés tutto gratis era solo una mala propaganda, pensó.

YA NO ESTÁS

Salías por el gran portal con tu amiga

esa tan inseparable, secretos compartidos

risas limpias tras exámenes aprobada

verano en ristre, palmeras azul

corrías hasta la playa verde soltando chanclas

minutos después desapareciste:

dos brazos te forzaron, ladrón de risa limpia

una jeringa hurto de voluntades circulares

apagó el sonido claro de campanas.

 

El palacio Salvo no te recuerda

ni en villa Muñoz donde tu lindo cuerpo

fue ofrecido a acomodados abusadores

saborean tus mieles inocentes

y tú, embriagada por feroces químicas

no supiste quién depositó tu cuerpo manchado

semen disecado sobre arenas.

 

No eres víctima única,

cada día, cada hora, el hombre lobo acecha

vaginas sin estrenar

para engrosar su cuenta y placer

y tú ya no estás

con suerte, tal vez, tus padres recogen un zombi

en el vertedero de las zonas turísticas.