UN BUEN HOMBRE

No hubo viaje de novios. La madre de Adelina no pudo evitar hacer un comentario poco afortunado a su hija, dijo que era un mal presagio. Adelina defendió a Bruno, contestó que en vez de irse a las Canarias, ahorrarían ese dinero para otras necesidades. Al fin y al cabo habían metido mucha ilusión en el piso y la felicidad no dependía en absoluto de un viaje más o menos. Además, Bruno era un hombre apasionado del campo, decía que la tierra jamás descansaba.
La madre de Adelina torció el gesto y murmuró que la luna de miel merecía un sitio especial.
─¿Qué más especial que estrenar nuestro piso, mamá?
─Bueno, bueno, allá vosotros, está bien ser comedidos, yo solo quiero tu felicidad, Adelina.
No tardaron ni un año en celebrar el bautizo de la primogénita. Al segundo año nació el niño y todo parecía ir bien, hasta las cosechas. Bruno era un excelente labrador y un fogoso marido. Demasiado fogoso para Adelina que llevaba mal los embarazos que fueran tan seguidos. Durante las gestaciones se le anulaba ya al tercer mes la libido y Bruno se ofendía cuando ella huía de practicar sexo. A veces se ponía hasta violento y ella entonces cedía.
Con el paso del tiempo el carácter de Bruno se avinagró, un año no le pagaron la recolección, otro año era la sequía lo que fastidió y era Adelina la que pagaba el pato de su malhumor. Él discutió a diario por el dinero gastado, no admitió que otra vez había que comprarles zapatos, o ropa a los niños porque crecían como la mala hierba. Empezaron los gritos entre ellos, los lloros de sus hijos y las miradas de los vecinos que escuchaban más de una vez golpes y vieron marcas moradas en la cara de Adelina.
─Siento meterme en tu vida, hija, pero no puedes esconder ante nadie que eres una mujer maltratada ─le dijo su madre─, ya te advertí antes de casarte, que la falta de luna de miel era mal presagio. La Encarni, tu vecina, me habló preocupada ayer. Me dijo que tú dices que todo está bien. Le explicabas a Encarni que bueno, Bruno es como es, pero es un buen hombre. ¿No me quieres contar qué pasa entre vosotros? Hasta tu padre está callado y triste, yo le dije que si la cosa empeorara, te acogeríamos en casa con los niños, sabes que hay sitio, pero no quisiera yo, que te pasara algo.
─¿Qué me ha de pasar, mamá? Bruno es un poco violento, duro, es verdad, me hace llorar a veces, me empuja cuando se altera, pero nada grave que no se pueda contar.
─Sabes que cuando los hombres como él pierden la razón, hay mujeres que pierden la vida. Mira a los ojos de tus niños, ¿qué deseas para ellos? Adelina, si necesitas ayuda sabes que nos tienes… Y no tengas miedo a denunciar. Te respaldaremos.
Adelina se derrumbó y contó a su madre el calvario que estaba pasando.
─Pues nada, hija, cuando Bruno se vaya mañana a trabajar, recoges lo más imprescindible, te ayudaré y vienes a casa, ¿quieres que duerman ya hoy los niños con nosotros? El abuelo estará encantado.
─No, hoy no, mamá, llamaría la atención. Además, tengo que pensármelo con calma, tengo que aclararme.
─¿Con calma? Al lado de ese hombre no podrás pensar con calma. Mañana vendré y recogemos todo lo que podamos.
Para Adelina ya no hubo día siguiente, esa misma noche tras una fuerte discusión Bruno la acuchilló a navajazos y después se colgó del algarrobo que daba sombra a la casita de aperos que se encontraba en su campo a las afueras del pueblo.

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