NELSON

Él no pudo verse.  Le empujaron hacia el interior de la celda. Una puerta metálica  chirriaba en el trayecto hasta cerrarse. La palabra sin pronunciar también quedó encerrada en su boca, pero no en su mente. La repitió hasta quedar impregnada en su sangre: concordia. La sacó años después cuando palabra y hombre volvieron a la libertad.

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