EL SALTO

Las cejas no actuaban como freno. Las gotas de sudor se colaron por entre los pelos espesos de color marrón oscuro hasta llegar a los párpados, traspasaron las pestañas para posarse en los glóbulos donde se mezclaron con las lágrimas del mismo contenido salado. Con un gesto lleno de expectación se quitó la humedad con el dorso de su palma. Fijo la vista con atención y a través de las ramas de un seto de aligustre para descubrir la intención del hombre que había saltado desde la ventana del primer piso. Apenas había comenzado la noche, Uriel llegaba a casa cuando vio el bulto colgado desde la repisa. La vidriera era la de su cocina. Quedó abierta.

En décimas de segundos perfilaba la situación. Un intruso había salido sigilosamente de un piso, el suyo. Mal asunto. Hacía días que se sintió observado. Al llegar hasta el seto y ver la sombra, se echó al suelo con un entrenado movimiento militar. Nada valioso podía encontrarse en su vivienda. El disco duro de su ordenador acaso, pero todo estaba encriptado, y no se trataba de altos secretos del estado. A pesar de su situación tuvo que sonreír. No iba a dejar escapar al sujeto, necesitaba que se acercara un poco más al seto para cogerle del tobillo y hacerle caer. Lo demás era simple profesionalidad. Confiaba en sus destrezas, aunque los imponderables existen y un error tonto echaría todo a perder.

Dos minutos más tarde el asaltante mordía hierba. Llevaba las manos atadas con un cordón basto a las espaldas y Uriel esperaba a los agentes del 012. No preguntó nada, aunque moría por saber qué hacía ese tipo en su piso. Lo averiguaría dentro de pocos instantes. Bajo su bota de suela perfilada yacía un ser enjuto y musculoso, más bien pequeño, que no esperaba para nada haber sido alcanzado por sorpresa. No hubo motivo para sospechar que alguien más había sido testigo del entramado. Nadie defendió al intruso, pero había más ojos vigilando la escena.

 

Mordiendo Max la hierba con los ojos cerrados hurgó en su cerebro para encontrar el fallo de cálculo. En vez de salir por la ventana tenía que haber salido de la puerta como estaba previsto. Se preguntó qué le hizo cambiar de pronto, qué pensamiento varió la planificación. Recordó un sonido y una ráfaga de viento, ¡eso era! Se acercó a la ventana y sin pensarlo mucho subió a la repisa con un olvidado regusto de cuando conquistaba a su vecina y la visitaba desde el exterior siendo ambos adolescentes. También entonces le tocaba morder en ocasiones el césped cuando ella no se encontraba en casa y él ya había estado sobre el anaquel jugándose la vida. Los agentes no tardaron mucho en colocarle las esposas para llevarlo al interrogatorio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s