Los libreros y yo

ANA BUSTELO TORTELLA

Cada cierto tiempo aparecen en la prensa cultural artículos sobre el papel del librero en la sociedad, sobre lo importantes que son en la cadena productiva del libro y no cabe duda de que es verdad. Es el último eslabón y es fundamental. Además, su esfuerzo por mantenerse en la era del comercio por Internet es más que encomiable. Personalmente, les admiro mucho, como a todos los que nos dedicamos a esto de los libros. (Sí, también me admiro a mí misma, ¿por qué negarlo?).

Sin embargo, quería decir (y me arriesgo a que me insulte más de uno) que me sorprende un poco la figura del librero que, con una sonrisa de oreja a oreja, siempre amable y dispuesto a ayudar, recomienda libros porque conoce perfectamente el gusto del cliente. Yo no logro recordar, por más que lo intento, alguna vez que un librero me haya recomendado un libro…

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NO RECUERDO

No recuerdo mi nacimiento

inimaginable vuelo entre cenizas

de pájaros plateados, fríos

 

en el valle de un bosque perdido

batían alas los montes metálicos

entre nieblas detonaban bombas

regalo en celofán de la enquistada guerra

 

no recuerdo la leche materna

magra por necesidad

ni el alambre espino de una frontera

tampoco el calmante para no llorar

 

pasos de duras botas

uniformes tenebrosos

apenas mermelada artificial

con ingredientes desconocidos

 

no recuerdo sus conversaciones

cuchicheos bajo la manta agujerada

el sol dejó de brillar

hasta la mayoría de edad

cuando Marilyn cantó para su presidente

y yo repartía periódicos.

Eso sí lo recuerdo… mirando atrás