ANATOMÍA ES DESTINO (Sigmund Freud)

 

Piel negra, sangre roja

arena fina, dunas esculturales

dedos erigidos hacia el cielo, palmeras

dominación blanca marfil

vaginas sonrosadas entre muslos negros

abundante esperma blanca derramada

ojos azules desprecian, se creen acerados sables

miradas dolorosas bajo párpados oscuros

dentaduras potentes sin victoria

contra bocas melladas

 

Oro, diamantes, esmeraldas

nada salva las pieles oscuras

ínfimas venganzas apagadas

África llora sus hijos

llenan mares sin ser descubiertos

no hay arcos para vírgenes

bóvedas no devuelven cánticos

 

Piel blanca, sangre roja

jugo vital mezclado sin subastar

no hay oro suficiente para equilibrar

la balanza hace siglos se inclinó

neutraliza sin favores

el siroco siquiera barre injusticias ¿humanitas? ¿divisiones?

 

Se nos escapó el sentido del humor

dimos la bienvenida a los reproches

el vocabulario menguó

solo quedaron cuatro palabras

que impregnaban las paredes

cual posters de juventud perdida

bizarras expresiones posmodernas

trituradas que llegan a aburrir

 

Las risas conchabadas

ya no ocupan mesa y mantel

buscamos por debajo las migajas

entre polvos grisáceos

ninguna pipeta dorada asoma

como esperanza olvidada

tú fumas y yo suspiro

entre anillos de humo

 

Mejor coger la llave para cerrar

y dejar nuestro mundo atrás

donde no hayan articulaciones a enmendar,

no hay antiinflamatorios

para los sinsabores

ya los jarrones solo contienen flores secas.

 

MIL LUMINARIAS

De nuevo ese ruido

el brillo de mil luminarias

bolsillos y estómagos vacios

entre el gentío bien alimentado

con caras coronadas de bisoñé

melodías infantiles invadiendo calles

 

felicidad forzada entre cierzos estrellados

ese niño harapiento mirando luces

alimentado con deseos fugaces

su sonrisa borra malos pensamientos

en su pesebre no hay galletas

 

el ruido viene de fuera

el cielo brilla esperanzado

y San Nicolás perdió su bota

llena de golosinas olvidadas

ese niño que no llegó

desde la otra orilla del mar

 

bombillas de colores

promesas de partitura

para violines escondidos

y el hambre tras ojos oscuros

no saben de Navidad

MADRUGADAS

 

Salió a toque de despertador. Entró refugiada al albornoz de invierno sintiendo de inmediato un calorcillo agradable que hizo desaparecer el enfado por el cruel despertar de su profundo sueño. Desde hacía unas semanas ocurría a diario, programaba al reloj de la mesita de noche para las seis menos diez. Era la temporada de las noches más largas lo que favoreció no ser delatada y no tener que vestirse para salir a la calle.

Nadie solía deambular por aquellas calles desiertas. Iba preparada con las dos raciones,  calmosa con aplomada seguridad recorrió el trayecto corto y enfocaba su vista bajo los coches aparcados a ambos lados de la calzada. Esta vez no detectó el brillo de cuatro ojitos junto a alguna rueda. Giró a la izquierda para adentrarse en un corto recorrido oscuro donde solo vivían cinco familias. Se paró enfrente de aquel patio escondido tras una fea tapia alta, hecha con ladrillos rojizos y desiguales. Una higuera añeja se erigía orgullosa encima del muro que le daba un agradable toque verde a la calle y que en aquel momento estaba tan dormida como ella hacía pocos instantes.

Sus zapatillas no emitieron ningún eco sobre el suelo y se paró justo enfrente de un hueco a ras de suelo donde apenas cabía el puño de un hombre fornido. Detectó con satisfacción que el contenido ya consumido de aquel cacharrito de aluminio flexible y lo volvió a llenar con lo que llevaba preparado. Alzó la vista y vio con sorpresa los cuatro ojitos observándola desde lo alto del muro y cómo corrieron de un lado a otro hasta desaparecer. Se alejó lo suficiente para comprobar tras pocos minutos que hincaron golosas sus dientes en el paté para gatos. Éstos, aunque callejeros, no iban a ser abandonados a su suerte. Nunca les faltaría un poco de piedad en forma de paté.

 

Lecciones

La vida entre (paréntesis)

Me dijeron aprende pero se olvidaron de enseñarme. Que obedezca y que busque algo que ellos llaman felicidad. Que se compra en escaparates y que es con la que se comercia en las televisiones. No te olvides de los sueños, lucha, camina. Corre, atrapa el momento. Y el momento se escapa y el momento se mide en años y el momento nos lleva a todos al mismo sitio. Me dijeron compra y traiciona y di lo que sientes pero no lo hagas en voz alta. Por si alguien te sorprende diciendo la verdad. Escóndete. Di que eres feliz, no dejes que nadie vea tus lágrimas más oscuras. Las que te emborronan las pestañas. Me dieron lecciones para vivir pero se olvidaron de explicarme qué era eso. Por eso me cuesta tanto andar despacio cuando todos van deprisa. Por eso se llena mi mañana de saludos vacíos, por eso llamamos…

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CRISTALES ROTOS EN SUELOS SOLUBLES

 

 

Busco quién me venda tiempo

quien estire el cordón de plata brillante

ante el muro caído a mis pies

percibo que se acorta el recorrido

necesito más cuerdas inmateriales

sujeción en rocas escabrosas

no me preguntes porqué

mi secreto se esconde tras grandes ojos

curvadas letras con faltas tienen imán

cosen los signos del libro de la vida ya sin anhelos

 

quiero volver a ver el sol camuflado entre llamas

poder apartar los escombros

no ver esos cadáveres encogidos

con gestos de gritar su último deseo

tapan el suelo cuarteado en rombos desiguales

lleno de hojas curvas de árboles sin vida

 

busco reunir elementos para soldar

el tiempo perdido entre cenizas.

Divagando: No idealices tu pasado

Blueberry

En qué momento pasó el tiempo, que te atrapó en una idea que te obligó a cerrar los ojos a toda realidad que te envolviera.

Era la costumbre de aferrarse a imágenes idealizadas de un pasado ya ambiguo.

El vicio de vivir anhelando una historia ya muy lejana. La idea de lo que fue.

La certidumbre de algo que se creó en la imaginación, de aquello que sucedió hace tiempo tan diferente. Se transformó y adaptó a un ideal que jamás se repetiría, porque jamás existió como tal.

No. No deseas siquiera ese pasado. Quizá, solo quizá, es el anhelo de lo creado en tu imaginación, de lo que te salva contra un presente doloroso.

-Blueberry

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EL CÓNDOR VUELA

No sabía de colores

siquiera de texturas

solo distinguía lo agradable

de lo contrario

volaba por la vida sobre sensaciones

se daba duchas de árboles

sus alas flexibles surcaron

caminos imposibles

escalaron rocosas sendas

y bajaron por profundidades

solo comparables a cerebros complejos

hasta encontrar la fórmula de la felicidad

la susurró a los oídos del águila

que desde entonces vuela alto

como su hermano, el cóndor

dibujan ochos en el cielo

pero los humanos no les entienden.